)La primera gran virtud del hombre fue la duda y el primer gran defecto la fe (Carl Sagan)

FRIEDERIK NIETZSCHE

LA ÚNICA DIFERENCIA ENTRE DIOS Y YO ES QUE YO EXISTO

Escritosdemiuniverso

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domingo, 23 de junio de 2013

"EL MUNDO Y SUS DEMONIOS" un ejemplo para meditar

«En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca». Supongamos que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!
—Enséñemelo —me dice usted.
Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.
—¿Dónde está el dragón? —me pregunta.
—Oh, está aquí —contesto yo moviendo la mano vagamente—. Me olvidé de decir que es un dragón invisible.
Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.
—Buena idea —replico—, pero este dragón flota en el aire.
Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.
—Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.
Sugiere pintar con spray el dragón para hacerlo visible.
—Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.
Y así sucesivamente. Yo contrarresto cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará. Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento concebible válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluto a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarmos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo le he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.
Carl Sagan

martes, 18 de junio de 2013

ASTRÓNOMO DE LA NASA FOTOGRAFÍA VOLCANES DESDE EL ESPACIO

nasa 1

No es Marte, ni la Luna, ni Saturno: es el querido planeta Tierra, aunque visto "desde arriba" se nos antoje extraño. Gracias a cámaras fotográficas instaladas en sofisticados aparatos que flotan dentro de la órbita terrestre (desde satélites artificiales hasta estaciones espaciales) es posible advertir cómo luce, de lejos, el globo terráqueo. Así vemos, de una manera sorprendentemente distinta, las cosas  que desde aquí nos lucen cotidianas. Aqu una imágen de volcán, en plena erupción. Lo interesante en esta foto no es tanto la perspectiva, de por sí inusual para un ser humano común, sino el aspecto casi "extraterrestre", mágico, y hasta apacible de estos titanes de fuego, lava y cenizas.

lunes, 17 de junio de 2013

EL UNIVERSO EN UNA CÁSCARA DE NUEZ

EL HUECO DE DIOS EN LA NATURALEZA

No es nada nuevo o revolucionario, pero si lo dice una persona mediática como Stephen Hawking, entonces hay jaleo. El científico británico tiene nuevo libro de divulgación, y en él comenta que no hace falta un dios para crear el universo conocido, conclusión que nos parece bastante obvia a bastantes personas, muy a pesar del clero.

Desde que el hombre intenta comprender el mundo en que vive, siempre ha habido un hueco para los dioses: exactamente el hueco que deja sin cubrir el conocimiento que se tiene de la naturaleza. Hace cuatro mil, dos mil, o mil años, los dioses eran quienes levantaban el Sol por las mañanas y la Luna por la noche, y quienes provocaban tormentas, truenos y desastres cuando no se le sacrificaban cincuenta vírgenes. Quienes crearon el mundo y a los seres vivos que luego caprichosamente aniquilaban en masa, los que concedían descendencia, y se llevaban la vida a voluntad.

Pero llegó la época del conocimiento científico. Y de pronto, los dioses dejaron de acarrear con el Sol, porque no es más que una bola de hidrógeno muy caliente alrededor de la cual dan vueltas piedras que giran sobre sí mismas. Podemos predecir cuándo lloverá sin importar el humor de que esté el dios de turno, porque nos vale con fijarnos en el estado de la atmósfera; sabemos que los terremotos están provocados por choques de placas continentales; las parejas pueden escoger cuántos niños tendrán y cuándo, sin necesidad de un regalo divino, los dioses ya no nos pueden castigar con enfermedades provocadas por virus y bacterias a las que podemos combatir con fármacos y sin oraciones; y además escudriñamos el cielo para saber por dónde vendrá el siguiente gran meteorito que devastará gran parte del planeta y su vida.

Poco a poco, los dioses han ido desocupando los huecos que ha ido rellenando el conocimiento de la naturaleza. Poco a poco, los dioses se van quedando confinados en huecos cada vez más pequeños y profundos, que limitan su actuación sobre la naturaleza a un nivel que pasa totalmente desapercibido para una persona. Hoy día, es posible explicar la evolución de las especies en nuestro planeta, sin necesidad de un dios que las diseñe más o menos inteligentemente. Podemos, incluso, explicar la evolución de una «burbuja» de quince mil millones de años de edad casi desde el mismo momento en que surgió.

¿En qué hueco habita dios, entonces? En el hueco que le deja ser el creador de la «burbuja», pero que la deja evolucionar por sí sola sin intervención alguna.

Lo que ha escrito Hawking, que tanto revuelo ha creado, es ni más ni menos, que en ese hueco dios tampoco está, ni se le espera. Existen actualmente hipótesis que explicarían cómo se creo el universo conocido, e incluso la posibilidad de que existan varios universos distintos aparte del nuestro, aunque harina de otro costal es pasar de la hipótesis a una experimentación. Pero la tendencia es clara, y sólo hay que ver como en apenas quinientos años, los dioses de hace cuatro mil, dos mil o mil años han tenido que emigrar a huecos cada vez más recónditos, y a la vez más alejados de su pretendida intervención en los asuntos de unos seres vivos que habitan en una piedra cualquiera que da vueltas alrededor de una estrella poco especial, en los bordes de una galaxia normalita perteneciente a uno de tantos universos.

Dijo Nietzsche

La ciencia hace a los hombres semejantes a dioses; ¡se acaba todo para los sacerdotes y los dioses cuando el hombre se hace científico! Moraleja: la ciencia es prohibida per se... La ciencia es el primero de los pecados, el germen de todos los pecados, el pecado original. La moral se reduce a este imperativo: 'No conocerás'. El resto se sigue de allí.

Friedrich Nietzsche, "El Anticristo"

Escritura