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domingo, 2 de marzo de 2014

GLENYS ÁLVAREZ NOS ENSEÑA SOBRE LOS RECEPTORES DEL DOLOR

Una elegante estructura para el dolor

Durante dos décadas, científicos han estado estudiando receptores para distintos tipos de dolor y sensaciones, ahora, la imagen en alta definición de la estructura del más conocido, podría ayudar en el desarrollo de medicamentos más efectivos

Por Glenys Álvarez

Tu hermano tropezó y su té hirviendo te cayó en el muslo, comiste una cucharada del rábano picante llamado wasabi del plato de tu novio, el hijo de tu amiga te agarró en una parte del hombro que tienes sensible por el exceso de bronceado en la playa y la mordida de una tarántula te hizo chillar hasta Emergencias. Además de los gritos y gestos que tienen todas estas posibilidades dolorosas en común, también las une una muy sofisticada máquina molecular que opera en las fibras nerviosas de la piel y la lengua. Se le conoce como la molécula TRPV1 y ha sido estudiada por científicos por casi 20 años. Sin embargo, sólo ahora se sabe mejor cómo funciona cuando manipula el dolor, ya sea debido a cambios químicos o por altas temperaturas. 

No sólo el cerebro es una máquina biológica, el organismo lo es también. Todo eso que piensas y sientes es el resultado de la interacción de sus partes con el medio; de hecho, diminutas piezas se encargan de originar el resultado necesario para que el organismo funcione reaccionando, no sólo eso, han desarrollado también mecanismos de protección ya que su función es, precisamente, que sobrevivas en ese medio dulce y cruel que llamamos naturaleza.

Todo comenzó hace 20 años cuando el científico David Julius, biólogo de la Universidad de California en San Francisco, se dedicó a buscar las moléculas que te hacen sentir esos agudos dolores en reacción con el ambiente. Durante décadas, él y otros investigadores estudiaron la capsaicina, para ellos la molécula que le regalaba lo 'caliente' al chile, y hasta un receptor descubrió otro equipo que parecía adherirse a la capsaicina para provocar el picante, pero no fue hasta el 1997 que identificaron una familia de 30 receptores de canales iónicos, conocida como 'Potencial Receptor Transitorio', TRP, en inglés, que se encuentran en los mamíferos.  La ciencia hoy conoce más sobre TRPV1 que sobre los otros receptores. Ahora, el equipo de Julius, usando un microscopio crioelectrónico, ha conseguido crear una imagen de alta resolución de este canal iónico, dejándonos ver así, el papel que juega tanto en el dolor crónico como en el agudo. Un descubrimiento, que dicen los investigadores, podría regalarnos mejores medicamentos contra el dolor que no tengan los efectos secundarios de los derivados del opio hoy en día. 

De seis a nueve de las treinta moléculas de estos receptores de canales iónicos, están dedicadas a la detección de dolor por cambios en la temperatura. De hecho, investigadores han conseguido involucrar a otros miembros de esta familia en nuestra reacción a productos como el mentol, el ajo y el wasabi, también a nuestra respuesta al frío. 

“Estos receptores, que se encuentran en las fibras nerviosas que inundan la piel y la lengua, forman un canal que actúa como una puerta entre el interior y el exterior de la neurona. Cuando usted muerde un ají, la capsaicina se une al canal y abre la puerta, entonces, las partículas cargadas se precipitan dentro de la célula, desencadenando la actividad eléctrica que envía mensajes de dolor al cerebro. Es lo mismo que ocurre cuando tomas un sorbo de té hirviendo, es el mismo calor en sí que abre la puerta”, explicó Julius. 

Por otro lado, los investigadores nos cuentan que la molécula, TRPV1, también actúa como una pequeña computadora que recopila información sobre el medio para ayudar a protegernos de una lesión mayor, de hecho, el receptor puede hacer que algunas sensaciones se sientan más dolorosas para que estemos alertas y actuemos para sanarlas y cuidarlas mejor, una forma muy efectiva para garantizar mayor supervivencia.

“Una de las propiedades más singulares de TRPV1 es su capacidad para detectar el calor, de hecho, es uno de tan sólo un puñado de canales moleculares que están tan bien sintonizados con la temperatura. Aunque parece obvio a posteriori, antes de que descubriéramos el receptor de la capsaicina, nadie había previsto que la misma molécula respondería a los chiles y las altas temperaturas. La mayoría de los receptores que conocemos son activados por sustancias químicas como pequeñas moléculas y proteínas, sin embargo, aquí tenemos moléculas que son exquisitos sensores de temperatura y actúan como termómetros del cuerpo”, explica Ardem Patapoutian, neurocientífico del Instituto de Investigación Scripps en San Diego.

El próximo paso es averiguar cómo el calor cambia la forma del canal. Los investigadores ya saben que las altas temperaturas pueden abrirlo, pero no saben exactamente cómo. También quieren examinar cómo las moléculas producidas por nuestro cuerpo en respuesta a lesiones afectan al sofisticado sensor y, a la vez, nuestra percepción del dolor.

Dijo Nietzsche

La ciencia hace a los hombres semejantes a dioses; ¡se acaba todo para los sacerdotes y los dioses cuando el hombre se hace científico! Moraleja: la ciencia es prohibida per se... La ciencia es el primero de los pecados, el germen de todos los pecados, el pecado original. La moral se reduce a este imperativo: 'No conocerás'. El resto se sigue de allí.

Friedrich Nietzsche, "El Anticristo"

Escritura