EL UNIVERSO EN UNA CÁSCARA DE NUEZ

EL HUECO DE DIOS EN LA NATURALEZA

No es nada nuevo o revolucionario, pero si lo dice una persona mediática como Stephen Hawking, entonces hay jaleo. El científico británico tiene nuevo libro de divulgación, y en él comenta que no hace falta un dios para crear el universo conocido, conclusión que nos parece bastante obvia a bastantes personas, muy a pesar del clero.

Desde que el hombre intenta comprender el mundo en que vive, siempre ha habido un hueco para los dioses: exactamente el hueco que deja sin cubrir el conocimiento que se tiene de la naturaleza. Hace cuatro mil, dos mil, o mil años, los dioses eran quienes levantaban el Sol por las mañanas y la Luna por la noche, y quienes provocaban tormentas, truenos y desastres cuando no se le sacrificaban cincuenta vírgenes. Quienes crearon el mundo y a los seres vivos que luego caprichosamente aniquilaban en masa, los que concedían descendencia, y se llevaban la vida a voluntad.

Pero llegó la época del conocimiento científico. Y de pronto, los dioses dejaron de acarrear con el Sol, porque no es más que una bola de hidrógeno muy caliente alrededor de la cual dan vueltas piedras que giran sobre sí mismas. Podemos predecir cuándo lloverá sin importar el humor de que esté el dios de turno, porque nos vale con fijarnos en el estado de la atmósfera; sabemos que los terremotos están provocados por choques de placas continentales; las parejas pueden escoger cuántos niños tendrán y cuándo, sin necesidad de un regalo divino, los dioses ya no nos pueden castigar con enfermedades provocadas por virus y bacterias a las que podemos combatir con fármacos y sin oraciones; y además escudriñamos el cielo para saber por dónde vendrá el siguiente gran meteorito que devastará gran parte del planeta y su vida.

Poco a poco, los dioses han ido desocupando los huecos que ha ido rellenando el conocimiento de la naturaleza. Poco a poco, los dioses se van quedando confinados en huecos cada vez más pequeños y profundos, que limitan su actuación sobre la naturaleza a un nivel que pasa totalmente desapercibido para una persona. Hoy día, es posible explicar la evolución de las especies en nuestro planeta, sin necesidad de un dios que las diseñe más o menos inteligentemente. Podemos, incluso, explicar la evolución de una «burbuja» de quince mil millones de años de edad casi desde el mismo momento en que surgió.

¿En qué hueco habita dios, entonces? En el hueco que le deja ser el creador de la «burbuja», pero que la deja evolucionar por sí sola sin intervención alguna.

Lo que ha escrito Hawking, que tanto revuelo ha creado, es ni más ni menos, que en ese hueco dios tampoco está, ni se le espera. Existen actualmente hipótesis que explicarían cómo se creo el universo conocido, e incluso la posibilidad de que existan varios universos distintos aparte del nuestro, aunque harina de otro costal es pasar de la hipótesis a una experimentación. Pero la tendencia es clara, y sólo hay que ver como en apenas quinientos años, los dioses de hace cuatro mil, dos mil o mil años han tenido que emigrar a huecos cada vez más recónditos, y a la vez más alejados de su pretendida intervención en los asuntos de unos seres vivos que habitan en una piedra cualquiera que da vueltas alrededor de una estrella poco especial, en los bordes de una galaxia normalita perteneciente a uno de tantos universos.

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"La búsqueda de dios es una ocupación inútil, pues no hay nada que buscar donde nada existe. A los dioses no se los busca, se los crea"
Maksim Gorki

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