)La primera gran virtud del hombre fue la duda y el primer gran defecto la fe (Carl Sagan)

FRIEDERIK NIETZSCHE

LA ÚNICA DIFERENCIA ENTRE DIOS Y YO ES QUE YO EXISTO

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martes, 28 de diciembre de 2010

Alejandro Apolonio, falso mesías

En los papiros hallados en Nag Hammadi[1], además de los evangelios apócrifos de los gnósticos se está descifrando un protoevangelio[2] anterior, el de Alejandro Apolonio (AA de ahora en más). Se encuentra fragmentado y muy deteriorado[3]. Las dificultades fueron enormes, se especula que usaban papiros de mala calidad, mucho más económicos que el pergamino, tintas muy primitivas y el escriba encima tenía mala letra debido quizás al alcoholismo o alguna patología.

Algunos párrafos, muy pocos, se han tratado de traducir con suerte diversa. A continuación un resumen de algunos de ellos.

Este griego de padre virgen fue aspirante a mesías judío. Su padre un esteta, un amante de la belleza como toda la cultura helénica no “conoció” a su madre por ser demasiado fea. Por eso los partidarios de AA sostenían que había sido concebido por mortal y un dios.

En otro fragmento que se pudo restaurar mínimamente se narran las críticas a detractores de AA que hablaban de un filósofo ciego vecino como padre de Apolonio y sus numerosos hermanos.

En otros textos recuperados se observa que por error le inventaron un nacimiento en Jerusalén cuando deberían haber usado Belén cuna del rey David. Y en las dos genealogías que le “fabricaron” les fue peor, además de ser completamente diferentes y no tener un ancestro común a ellas ninguna apuntaba al rey judío David sino al acadio Sargón una y al faraón egipcio Keops la otra. Para completar el desastre hacen partir los linajes desde el padre virgen de AA de quien sabemos no tiene nada que ver con dicho nacimiento.

Luego unos reyes de oriente traen ofrendas al dios nacido, oro, incienso, mirra y faso.

Otro párrafo cuenta que en las bodas de Cagna AA debuta con su primer milagro. Observando que todos estaban muy borrachos ya, convierte las tinajas de vino en agua. Su reconocida conversión de vino en agua.

En los textos figuran la madre y los hermanos de AA. Cuando AA va a su aldea natal le va mal, surge el dicho “nadie es profeta en su tierra”. La madre y sus hermanos temen que les haga quedar en ridículo. Estando en plena disertación lo llaman para avisarle que afuera está su familia aguardando, no muy conformes con él. El pronuncia la célebre frase: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?, sois vosotros mi madre y mis hermanos”. Tras un instante donde los presentes imaginan a la bruja y sus búhos como llamaban a la familia de AA se provoca una estampida de su auditorio. Rumiando su soledad AA se retira de la tierra que lo vio nacer.

Apolonio usaba la versión griega de los textos judíos, la traducción de los setenta sabios o septuaginta. Influenciado por la milagrosa historia de su padre virgen y la larga tradición griega de hijos de dioses y mortales hace una insólita versión del mesías judío, un mesías[4] ¡hijo de Dios! En vez de un hombre guerrero y gobernante de Israel con ayuda divina, lo tiene como hijo divino y filósofo un poco cercano a las ideas de los cínicos.

Ayudado por el error de traducción de la septuaginta de “mujer joven” en “virgen” AA lo interpretó como un virgen y no “una”. Además sostenía tampoco me llamaron Emmanuel. Sabiendo además que se refería el texto de Isaías a un nacimiento seis siglos anterior al suyo hizo una interpretación libre a conveniencia.

Viajando AA con sus discípulos encontraron a un grupo de gente apedreando a una bella prostituta. Comparó AA la horrible fealdad de su madre con la sensual belleza de la prostituta y lo poseyó un descomunal sentimiento de envidia y tomando las piedras más grandes participó del crimen al grito: “¡A las leyes de mi Padre hay que respetarlas!” Consumando todos un apedreamiento como Dios manda.

En otra oportunidad le acercaron a un endemoniado a AA, le pidieron que le quitara los demonios que lo poseían. AA se mostró impávido y con mucha tranquilidad les dijo: “Déjenlo ir, es un esquizofrénico”. Absortos y en silencio lo llevaron al poseído sin entender las palabras del profeta en lo más mínimo.

Cierta vez reunió a sus discípulos y a uno le dice “sobre esta piedra construiré mi Iglesia”. Lo demás lo miran estupefactos, es que había olvidado cambiarle el nombre antes a Filipo llamándolo Pedro (piedra).

Se explica en otros fragmentos que como Alejandro Magno había muerto a los 33 años “hacen” morir a AA a la misma edad ya que también era grande, aún más grande decían sus seguidores.

La Trinidad Apoloniana no podría ser más compleja: la madre de Apolonio es como todos hija de Dios, pero a la vez es esposa de Dios con quién concibió a AA, que es Dios. Entonces es hija, esposa y madre de Dios. A su vez AA o sea Dios es hijo y padre de sí mismo. Pero también es nieto y abuelo de si mismo.

Antes de expirar en la cruz AA grita: ¡¿Por qué me he abandonado?!

Cierta vez AA se acercó con sus doce[5] discípulos al río Jordán. Se encontró con Juan que echaba agua encima sus seguidores para quitar sus pecados, era como un renacer espiritual y lo llamaba bautizar. En confianza (relatan los evangelios) Juan les confesó que el método tuvo su origen en convencer a los discípulos que se metieran al río y se lavaran que con tantas horas en el desierto olían horriblemente. Y que luego le agregó contenido espiritual.

El final del traidor. Es tratado en dos evangelios. En uno carcomido por la culpa comete suicidio arrojándose al paso del burro de una noria. En otro se ahoga en el Mar Muerto, lo cual es bastante sorprendente ya con el alto contenido de sal es casi imposible sumergirse en dicha agua.

El momento culminante es luego de la muerte AA un poco antes del sabbath[6]. AA se autorresucita antes del amanecer del domingo, por lo tanto supera a Horus, Mithra[7], Dionisos y otros logrando resucitar en un día y medio sin cumplir con los reglamentarios tres días (así como estuvo Jonás en el vientre del gran pez). Luego de autorresucitar visita a los discípulos en forma física y/o espiritual en diversos lugares según el protoevangelio que se lea tras lo cual se autoenvía muy muy lejos al lugar en donde estaba desde siempre y se sienta a la derecha de sí mismo.

Sergi Puyol i Rigoll

Mar de Cobos, 2010

BIBLIOGRAFÍA

Deschner, Karlheinz “Historia Criminal del Cristianismo” (47 Volúmenes)

Rodríguez, Pepe “Mentiras Fundamentales de la Iglesia católica”

Mondolfo, Rodolfo “Los Bonobos: Pongo-Homo o Pongo-Mono?”

Femo, Blas “¿Están vivos los Manuscritos del Mar Muerto?”

Kubica, Robert “¿Cómo sumaban los sumerios?”



[1] Manuscritos de Nag Hammadi: Evangelios gnósticos como el de Tomás, Santiago, Felipe, etc.

[2] En realidad no se trata de un evangelio sino de al menos cuatro evangelios.

[3] Tal vez en el futuro se siga descrifrando este valioso documento y sepamos más de este sorprendente mesías.

[4] Este mesías sorprendería bastante a los judíos que esperaban a alguien que los librara del yugo romano (como decían las escrituras) y no un predicador y filósofo perdiendo el tiempo repartiendo milagritos en vez de encabezar la liberación y gobernar el reino de Dios.

[5] Siempre eran doce, si alguno se retrasaba AA tenía suplentes que lo reemplazaban en el acto, cubriendo la vacante temporalmente.

[6] AA muere el viernes al atardecer cuando comienza el sábado.

[7] Llamado por algunos Mithra el grande o Mithra Legrand.


2 comentarios:

  1. jajajajaja!!!!!!! Buenísimo este evangelio apócrifo. Al fin me cierran las historias y ahora me son más creíbles. Ya de a poquito me voy de atea a agnóstica...

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  2. Justo fue publicado en el día de los inocentes, que tampoco existieron. Pura casualidad.

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"La búsqueda de dios es una ocupación inútil, pues no hay nada que buscar donde nada existe. A los dioses no se los busca, se los crea"
Maksim Gorki

Dijo Nietzsche

La ciencia hace a los hombres semejantes a dioses; ¡se acaba todo para los sacerdotes y los dioses cuando el hombre se hace científico! Moraleja: la ciencia es prohibida per se... La ciencia es el primero de los pecados, el germen de todos los pecados, el pecado original. La moral se reduce a este imperativo: 'No conocerás'. El resto se sigue de allí.

Friedrich Nietzsche, "El Anticristo"

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