Cuento corto: CEGADO POR LA CONFIANZA

CEGADO POR LA CONFIANZA
Leés el horóscopo para la semana y el alivio relaja tus músculos. Hasta este momento el desconcierto sobre el futuro de tu pareja te mantuvo insomne. Eras consciente de las miradas y cuchicheos de los amigos en común y de las sonrisas de compromiso. Los vaivenes en la relación se habían convertido en tema telefónico entre ustedes, y entre los demás. Pero ahora las letras impresas son claras: “la suerte está echada, sepa que va por buen camino; desentiéndase de la aprobación ajena”. Por primera vez en tu vida no te importa el juicio de los otros. Estás seguro, muy seguro de lo que sentís, de lo que querés. Claro, este Kirón pronosticador lo vino a confirmar, pero si no lo hubieses leído, igual sabrías que todo va bien. Seguís leyendo: “por atareado o cansado que esté no descuide su apariencia”. Esto sí que no lo entendés. Siempre te bañás y afeitás, siempre con la camisa limpia, siempre los zapatos lustrados, siempre el peluquín ubicado en su lugar. Nunca te olvidás de colocarte el ojo de vidrio ni de aceitar las articulaciones de tu pierna ortopédica. Te preguntás entonces el porqué de la recomendación. ¿Tendrás mal aliento? Hace días que notás que ella está un poco distante y no te ayuda a cruzar la calle…pero pensás que si fuera eso, Kirón habría sido más claro: cuide su dentadura, cuide su aliento. No, no es eso, te decís. Tratás de recordar los últimos encuentros. Solamente una cachetada que ella se merecía y nada más. Seguís tomando el café y descartás cualquier preocupación. Te aferrás a las primeras palabras: “va por buen camino…”
Confiás en Kirón. Sabe de qué habla.
Lidia B. Castro Hernando

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